domingo, 4 de mayo de 2008

LIBERTAD ECONOMICA

Una da las principales banderas de los defensores de la autonomía es la libertad económica. La capacidad de hacer lo que uno quiera con sus recursos, jugárselos en la ruleta de los negocios y sobre todo, la libertad de hacer uso de los beneficios que obtengan los ganadores de esta ruleta son, a mi manera de ver, los principios fundamentales de un mundo que ya hace tres décadas dejo claro que la batalla de las ideas se resolvía solo a través del liberalismo, en el sentido de que es solo a partir de la libertad de los individuos que se puede construir el bienestar colectivo, que es, y repito y afirmo, solo ese es el fin último de cualquier liberal que se aprecie de serlo.
Las replicas de este lado del país a estas ganas de hacer negocio también tienen sus fundamentos, es verdad que cuando uno juega en el casino no solo asume las ganancias, también debe estar dispuesto a asumir las perdidas. Si las transfieres al gran papa Estado al final del día no te puedes llamar a ti mismo “un jugador con clase”, peor aun si para ir a jugar pides subvención al combustible que usas para ir al casino. Podría extenderme, y hacer un detallado análisis de los pros y contras de las formas de jugar que cada uno tiene, sin embargo eso sería autenticar una discusión que a mi juicio está bastante lejos de tener algún significado.
Me explico. Estoy algo mayor que el promedio de edad que tienen los estudiantes de la Católica, por lo que tengo el privilegio, aunque vago, de no ser ajeno a la UDP, así que el populismo no me resulta una forma nueva de vivir la vida, si tuviera un par de años mas el estatismo nacionalista tampoco lo seria. Si estuviera de la edad de mi viejo el estatismo imperialista menos, y tal vez, si fuera más o menos de la década de los 30’s o 40’s el “revolucionarismo” seria cosa del pasado, nada nuevo, mal copiado y la verdad…muy relajado. Como al Estado lo hemos organizado de mil y una formas, hemos organizado también al sistema económico. Fuimos una de las economías mas abiertas a las fuerzas del mercado, si no exportábamos nos moríamos. También nos calentamos con el mundo y dijimos que sustituiríamos nuestras exportaciones para dejar de ser el proveedor de materias primas baratas al imperio avasallador. Nos moderamos un poco, luego mucho y nos pasamos de la raya. Los precios se fueron para abajo, bien abajo y se nos ocurrió que eran los capitales los que nos sacaban de esos líos. Más recientemente nos enojamos de nuevo con los capitalistas, ¿quién iba a creer que estos lo que buscaban era el beneficio empresarial y no el desarrollo de un pequeño, sufrido y bonito país?
¿A que apunta todo esto?, pues bien, mientras pasaban todos estos sistemas, gobiernos e ideas, la gente sigue viviendo en este país. Y vive relativamente bien, si, vive bien, sin negar desigualdades, pobreza, exclusiones y otros, hasta los excluidos encuentran, en general, una forma de vivir. Quizás el mayor signo de esto sea lo que llamamos el mercado informal, no mercado, mercado alternativo, etc. etc. etc., ahí, no todos claro, con un poquito de iniciativa puede subsistir, luego vivir, ganar algo mas y tal vez, algún dia ser dueño de la Eloy Salmon en La Paz, Las Siete Esquinas en Santa Cruz o un pedazo de La Cancha en Cocha. No es solo de ahora, fue es y será de siempre, las personas en este país son absolutamente libres de emprender y negociar, y si algún burócrata intenta impedírselos tengan por seguro que no le queda mucha carrera en lo público.
Por lo tanto, en este país no hace falta que nadie escriba en uno o dos artículos, o en un capítulo entero, lo que es una institución nacional de subsistencia. Nuestro verdadero problema radica en cómo hacer, que nuestros jugadores en el casino internacional de los negocios sean “iguales”. Nuestro problema está en cómo romper un patrón de acumulación de que responde a las broncas que hay entre “k’aras” y “cholos”. Nos debería dar lo mismo un empresario que viaja con traje y corbata que uno que lo hace vestido de “Kits” y “bluejean”, en otras palabras, ¿Cómo hacemos para que estos dos jugadores empresariales admitan que no pueden vivir el uno sin el otro?
Un primer paso podría ser el de desterrar a los radicales de uno y de otro lado, para que no destierren a nuestros emprendedores, que por el hecho de hacer negocios entre ellos, que es al final del día el reconocer al otro como un igual, podrían convertirse en excluidos de la fraternidad estatutaria autónoma cruceñista, o, no invitados al preste de la comunidad milenaria de los ponchos rojos.
Otra de las “medidas” esta en reconocer que ningún individuo que este orgulloso de tener un producto marginal de su factor mayor a cero podría al mismo tiempo estar orgulloso del Cerro Rico, El Mutún o El Palacio de La Recoleta. ¿Qué quiere decir esto?, pues que la única forma de estar orgulloso de algo es haber hecho algo para estarlo. El Cerro Rico y El Mutún son sucesos aleatorios, con lo que no tuvimos nada que ver, es decir, es el término de error de nuestra ecuación. Un error que trajo consigo rent seckeers que construyeron El Palacio de la Recoleta para glorificar su ego, en un tiempo en el que el mundo era infinitamente grande para que cualquier producto nulo marginal pueda construir su imperio. (Y nosotros insistimos en generar auto correlación). El mundo se achico, se hizo más rápido y demanda iniciativas.
En definitiva, sería bueno dejar de ver al futuro repetir el pasado, y a nuestro país como un museo de grandes novedades.

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